sábado, 13 de agosto de 2011

FIEL ESPOSA, SEÑOR, QUIERO SER.

Fiel esposa quiero ser, desposada,
Pues, como virgen avisada y prudente,
Tener de aceite, la alcuza llenada,
estar preparada para recibirte;
Allá en la oscura noche, la llegada,
Del Rey, su Señor, alma para poder oírte
y que con sus perfumes, ya anunciados
Tiene el aviso, el alma sosegada.
Espera con ansiada dicha, su venida,
A duermevela, revolviéndose inquietada,
también, por la desidia de dejarse atrapar,
Se resiente, a su cercana compañía dejar,
Que presiente su corazón enamorado,
Pues no sabe, qué otro sexto fino sentido,
Y que está cerca, muy cerca, le ha advertido,
Que está cerca le advierte, siempre con latido,
Más rítmico y bastante más acelerado,
Notando, como si unos pasos, que resuenen
A lo lejos, pero en su pecho allí se sienten,
Vibrando, al ritmo de su Esposo, acompasado,
De verdad, en la distancia, a su Esposa amando,
Fluyendo del pecho, las ondas amorosas.
Se expanden por el éter ardorosas,
Y nada obstaculiza su llegada,
Al corazón vibrante de su Amada;
Que, como faro emisor, está captando,
Las ondas que le llegan de su Amado
Siendo así, pues, por resonancia el Amor,
Al mismo tiempo, emisor y receptor.

Vicente Enguídanos Garrido 2 septiembre de 2000

“FIEL ESPOSA QUIERO SER”
El poeta enamorado de la belleza del espíritu, escribe compartiendo lo Divino que sólo la Gracia de la pureza mística sabe mostrar.
¿Existe algún espejismo más cercano al abandono de sí mismo, por aquel a quien le entregas todo; que ver a un alma enamorada siendo la dueña del pensamiento? Descubro ventanas a una armónica y nueva forma de vida. Me quedo ensimismada ante la palabra que expresa el autor con tan dulce entrega, un Amor perpetuo, que se olvida de sí mismo y le confiere protagonismo al poema, en tanto el poeta juega con unos versos caballerescos en una época libre que mira con respeto y mimo el verso.
Sin Tú no soy nada, espíritu muerto que es olvido, caminante sin destino y alma naufragada y si una vez fui algo, era tu soplo de vida el que latía como Gracia en lo Divino. Que domé cuando te fuiste, sin esperanza y sin la vida, mas una alegría iluminó la pena mía. Eras Tú, Rey de Reyes, quien mi corazón prendaste y una flecha de Amor grabaste.
Me ha gustado, la descripción de esa fidelidad de la esposa a su Amado.

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